La artista catalana vuelve a reinventarse con su cuarto disco, «Lux», un viaje musical grabado con la Orquesta Sinfónica de Londres donde canta en 14 idiomas e invoca figuras femeninas santificadas de distintas culturas.

Rosalía ha vuelto a situarse en el centro del panorama musical con el lanzamiento de «Lux», su cuarto álbum de estudio y el más ambicioso de su carrera. Estrenado este 7 de noviembre, el disco representa un giro radical frente al sonido electrónico de «Motomami». En esta ocasión, la catalana explora la espiritualidad, el feminismo y la divinidad a través de 17 canciones interpretadas en 14 idiomas distintos, en colaboración con la Orquesta Sinfónica de Londres. La artista describe la fe como “una energía que une a los seres humanos por encima de las fronteras”, alejándose de cualquier dogma religioso.
En «Lux», Rosalía narra la historia de múltiples mujeres santificadas en diferentes culturas. “Recuerdo poner en la habitación donde trabajaba un mapamundi e ir colocando santas de todas partes, esto me permitió conocer historias increíbles de diferentes lugares del mundo”, comentó. La artista se inspira en figuras como Juana de Arco, Santa Olga de Kiev, Miriam y Santa Rosa de Lima, la profetisa hebrea, para construir un álbum que eleva la voz femenina como un canal de fe, arte y resistencia. También dedica una pieza a Sun Bu’er, poetisa china que unía los ciclos del cuerpo con los de la naturaleza, inspiración directa para la canción «Porcelana».
La estructura del álbum está dividida en cuatro movimientos, concebidos con una intención simbólica. “Quería uno que representara una ruptura con la pureza; el segundo, el contacto con la gravedad; el tercero, la gracia y la amistad con Dios; y al final, la despedida, el regreso”, explicó Rosalía a Billboard. Esta composición libre e impredecible rompe con los moldes del pop y se adentra en territorios operáticos, guiada por los arreglos de Caroline Shaw, ganadora del Premio Pulitzer.
El disco abre con «Berghain», una reinterpretación del “Dies Irae” de Verdi, donde un coro alemán y las cuerdas tocadas con cuchillos crean una atmósfera intensa y mística. En «Reliquia», la artista combina un cuarteto de cámara con sonidos electrónicos mientras canta sobre el amor y la vulnerabilidad: “Coge un trozo de mí / Quédatelo pa’ cuando no esté / Seré tu reliquia”. Entre las piezas más accesibles destacan «La Perla», un vals interpretado junto al trío mexicano Yahritza y Su Esencia, y «Dios es un stalker», una muestra de que la catalana no ha perdido su instinto pop.
El álbum está impregnado de símbolos religiosos —velas, letanías, vírgenes y ángeles— que funcionan como un lenguaje común. Rosalía no busca la ortodoxia sino la unión espiritual a través de la música, y su voz, capaz de moverse con naturalidad entre lo lírico y lo urbano, conduce al oyente por un viaje sonoro donde cada idioma refleja una emoción distinta. Como dijo la artista, “la espiritualidad no tiene idioma ni gramática”.
Con «Lux», Rosalía confirma su lugar como una de las artistas más visionarias de su generación. De la experimentación flamenca de «El mal querer» a la vanguardia pop de «Motomami», su nueva obra marca un punto de inflexión: un trabajo que desafía las reglas y las estructuras para proponer un lenguaje musical global. Madonna ya lo ha celebrado en redes con un mensaje directo: “No puedo dejar de escuchar. ¡Eres una verdadera visionaria!”. «Lux» no busca complacer, sino revelar —y en esa búsqueda, Rosalía parece haber encontrado una nueva forma de fe.
