La “Flor Morena de la Canción Criolla” falleció a los 90 años y deja una trayectoria marcada por la radio, los escenarios internacionales, la televisión y una extensa discografía.
La música peruana despidió este 1 de septiembre a Edith Barr, reconocida como la “Flor Morena de la Canción Criolla”, quien falleció a los 90 años después de más de siete décadas de trayectoria artística. La noticia fue comunicada por su hija, Mily Salvany, a través de redes sociales: “Queridos amigos: lamento comunicarles el sensible fallecimiento de mi querida mamá, Edith Barr”. Hasta el momento, la familia no ha informado la causa de su muerte. El Ministerio de Cultura señaló que su velatorio se realizará en el Gran Teatro Nacional y continuará el 2 de septiembre en el Foyer del Auditorio Los Incas.
Nora Edith Barr García nació el 1 de junio de 1936 en La Victoria y creció vinculada a la música. Su madre, Juana García, interpretaba valses y marineras, mientras su tío Gonzalo Barr se dedicaba al bolero. A los 10 años fue coronada reina del Centro Musical Victoria y, a los 13, debutó en Radio Nacional del Perú acompañada por el pianista Filomeno Ormeño. Su talento también llamó la atención de la cantante Alicia Duarte y del periodista Juan Malborg Ratto, quien le otorgó el apelativo de “Flor Morena de la Canción Criolla”. “Mi viejita me admiraba”, contó Barr en una oportunidad. Su primera grabación fue «Puñaladas», de Emilio Peláez Montero, registrada cuando tenía 17 años.
Una carrera que cruzó fronteras
Desde muy joven, Barr llevó la música criolla fuera del Perú. A los 16 años se presentó en el Waldorf Astoria de Nueva York, convirtiéndose en la primera cantante peruana en actuar en ese reconocido hotel, y posteriormente llegó al Fontainebleau de Miami, El Patio de México, la cadena NBC en Boston, el Hotel Tequendama de Colombia y el Hotel Tamanaco de Venezuela. También participó en la inauguración de Canal 13 de Buenos Aires. Su repertorio incluyó «Limeña», «La flor de Lima», «La flor de la canela», «José Antonio», «Bello durmiente», «Indio», «Viva el Perú y sereno», «Dos extraños» y «Solo soy una canción». En total, grabó alrededor de 32 discos de larga duración y cerca de 300 discos de 45 revoluciones.
Maestra de generaciones del criollismo
La intérprete también incursionó en el cine y la televisión. En 1966 participó en la película mexicana Santo contra el espectro del estrangulador, dirigida por René Cardona, donde interpretó el vals «Tormenta», de Lorenzo Humberto Sotomayor. En Perú condujo espacios televisivos en los canales 4, 5 y 9, entre ellos La revista de Edith, y durante siete años fue artista exclusiva del Grill del Hotel Bolívar. Su trayectoria fue reconocida con tres triunfos en el Festival de Ancón, el título de Embajadora Turística del Perú en 1986 y la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos, en el grado de Comendador, en 2000. También fue una referente para artistas como Eva Ayllón, Cecilia Bracamonte y Esther Dávila ‘Bartola’.
“Hoy partió una grande de nuestra música y, para mí, mi querida maestra Edith Barr. Gracias por tus enseñanzas, tu cariño y por la huella que dejaste en mi vida y en nuestra música peruana. Descansa en paz, maestra. Tu voz y tu legado vivirán por siempre”, escribió Eva Ayllón.
Bartola también destacó su influencia: “Qué triste despertar, ha partido la gran e inmensa Edith Barr. Una leyenda absoluta de nuestro criollismo. Qué legado, Edith, qué ejemplo de artista. Siempre atenta a todos los detalles. De ti aprendimos a cómo ser profesionales, cómo pararnos en un escenario, cómo vestir y cómo tratar al público. Tuve la dicha y el placer de poder llamarte amiga, de compartir tantos momentos que quedarán grabados en mi memoria. Gracias, Edith, gracias por todo tu amor entregado a nuestra música. Te recordaré siempre, amiga, que Dios te reciba en su infinita misericordia”.
Cecilia Bracamonte, por su parte, recordó: “Inolvidable Edith, mi corazón está triste por tu partida. Comadre, amiga, compañera y mi única referente, he tenido la dicha de que hayamos sido todas estas cosas en la vida. Momentos inolvidables que nunca he dejado de recordar, risas y también lágrimas que estarán siempre en mi corazón. Gracias por tu talento, por tus enseñanzas y tu entrega por la música. He tratado de seguir tu ejemplo y creo que dio sus resultados, por eso te agradeceré siempre, por lo que sembraste en mí y por el ejemplo que me diste, sin querer queriendo. Porque antes que todo y que nada, éramos amigas. Te recordaré por siempre”.
A estas muestras de afecto se sumó Lucía de la Cruz: “Mi EdithBarr, maestra de maestras, mi gran amiga, símbolo importantísimo de nuestra patria, patrimonio nacional. Edith, te amaré eternamente por siempre. Tu Lucía de la Cruz. Así como todos los artistas del Perú y del mundo que también te aman con el alma hasta el cielo, mi querida Edith”.
Con su partida, la música criolla pierde a una de sus voces más longevas y representativas, cuyo legado quedó registrado en discos, escenarios y en varias generaciones de intérpretes peruanos.
